La mujer palmirana es el motor de una historia valiente y colectiva
Si Palmira es una ciudad que siempre se levanta, es porque tiene en su corazón a
mujeres que no conocen la palabra rendirse. La mujer palmirana es, por definición,
resiliente y luchadora, pero esa fuerza no nació de la nada. Es un legado
poderoso que corre por nuestras venas y que nos conecta con la sabiduría de
nuestras ancestras.
Una herencia de berraquera
Nuestra valentía tiene raíces profundas. La heredamos de las mujeres indígenas
que con sus manos transformaron el barro y el oro, enseñándonos el valor de la
creación y el cuidado de la vida. También la recibimos de la fuerza afro, de esas
mujeres que, con su ritmo, su resistencia y su fe, nos demostraron que la libertad y
la alegría son derechos que se defienden con el alma.
Esa mezcla de sangre y de lucha es lo que nos hace ser hoy mujeres que lideran,
que cuidan y que emprenden. Somos el resultado de siglos de mujeres que, ante
la dificultad, siempre eligieron trabajar juntas para sacar adelante a sus familias y
a su comunidad.
El poder de lo colectivo
Hoy, ser una mujer palmirana bacana es honrar ese legado entendiendo que
solas llegamos rápido, pero juntas llegamos más lejos. La verdadera
transformación de nuestra ciudad sucede cuando nos reconocemos como aliadas
y no como competencia. Cuando trabajamos en colectivo, nuestra voz suena más
fuerte y nuestra capacidad de cambiar el entorno se multiplica.
Esa herencia de nuestras abuelas y madres es la que nos impulsa a ser solidarias,
a tejer redes de apoyo para el bien común.
Nuestro compromiso con el legado
Conservar nuestra historia no es solo recordarla, es vivirla con orgullo. Ser una
palmirana hoy significa:
Liderar con empatía: Entender que el crecimiento de una es el crecimiento
de todas.
Trabajar en equipo: Fortalecer nuestras asociaciones, colectivos y parches
para que Palmira progrese.
Inspirar a las nuevas: Enseñarles a las niñas que su herencia es de
valentía y que su futuro no tiene límites.
Ser mujer en la Villa de las Palmas es llevar una antorcha de dignidad que nunca
se apaga. Sigamos trabajando unidas, con esa berraquera que nos caracteriza,
para que nuestra Palmira sea, cada día, un lugar más justo, más próspero y
mucho más bacano.
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